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De Los Sitios a Getsemaní: un solo corazón

El hombre, ser social por naturaleza, desde tiempos inmemoriales ha dedicado esfuerzos a la práctica de la solidaridad. A este efecto, cuando los empeños individuales no fueron suficientes, se crearon variantes de gestión solidaria como por ejemplo, las llamadas sociedades de ayuda mutua. Entre los conglomerados humanos, llámeseles ciudades o villas, también ha calado esta voluntad unificadora a partir de los hermanamientos entre los pueblos. El fenómeno se remonta a la Edad Media cuando el procedimiento se utilizó como mecanismo para resolver conflictos, convocar fuerzas para la materialización de propósitos afines y sentar las bases para acciones de mutuo beneficio sin menoscabo de la necesaria independencia de las comunidades involucradas.  Mencionemos en este punto, la secular Hansa germánica, foco de ciudades marítimas que desde el siglo XIII han basado su prosperidad económica en una suerte de alianza que une sus destinos comerciales comunes.
Cartagena de Indias y La Habana son ciudades hermanadas mediante protocolo oficial pero más que eso, son hermanas, pues comparten vínculos históricos que como alguien dijo alguna vez “no se pueden romper como los nombramientos”. Precisamente, Getsemaní, en la amurallada ciudad y Los Sitios en la capital de la “Perla de Las Antillas”, son barrios sustanciales que han visto crecer, sin proponérselo, raíces culturales comunes que es decir vida total compartida.
Que Getsemaní sea “barrio de bravos leones, sinceros de corazones y amables en el tratar” es harto conocido por lo que en esta especie de propuesta sustentaré las razones vinculantes del barrio de Los Sitios. Ambos enclaves citadinos son portadores de lo más representativo y original de sus ciudades matrices. En la mayoría de las canciones cubanas dedicadas a los barrios o a la ciudad se nombra al vecindario que sirvió de residencia a Joseíto Fernández, el creador de La Guantanamera. En sus angostas calles hay historias de juegos ñáñigos (Usagaré Mutanga) y de famosos creadores de cometas como Modesto “El papalotero” que desde su reducido habitáculo comercial en Estrella y Campanario atendía las necesidades lúdicas de una alegre muchachada. Como Getsemaní, Los Sitios tiene una iglesia que lo identifica, la de San Nicolás de Bari que sirvió en sus inicios para recibir bautismalmente a una buena parte de los árabes maronitas llegados a la capital cubana entre finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. En la intersección de las calles Rastro y Belascoaín se encuentra el otrora Conservatorio Municipal, hoy día Amadeo Roldán en cuyos salones forjaron su educación musical muchas glorias de la cultura cubana de la altura de Cachao y Chucho Valdés, entre otros.
Como frontera entre los barrios Los Sitios y Dragones está la calzada de Reina, llamada por Alejo Carpentier “La Reina de las Calles” gracias a sus imponentes portales republicanos que cobijan al caminante del sol y la lluvia a lo largo de sus más de diez cuadras.
En sus calles deslumbró la gallardía y elegancia de parroquianos como Felo Gómez y Juan Álvarez Isert, compadres ellos por demás, cuya sola identificación de algún vínculo familiar particularmente con este último personaje, era capaz de abrir puertas aún muchos años después de su quizás apresurada muerte.
Como una derivación de los cabildos de nación africanos, autorizados en 1823 a salir de recorrido por la breve ciudad por el Capitán General de la isla Don Dionisio Vives, en el único día en que los esclavos podían bailar y cantar mientras percutían sus tambores, en Los Sitios encontraron raigal  asentamiento algunas de las comparsas tradicionales de los carnavales habaneros como es el caso de Las Bolleras integradas originalmente por hombres vestidos de mujer vendedora de bollitos, fritura de fríjol que las negras africanas proponían a los transeúntes sonando unas marugas de lata pues no conocían el idioma, mientras cocían el sublime producto en unos anafes a la vista del público.
Los Sitios como Getsemaní es auténtico. Inicialmente fue Quisicuaba porque en su territorio encontraron asentamiento tierras mercedadas por el Cabildo a africanos libres de las tribus Quisis con la finalidad de hacerlas productivas. Con el tiempo aquella vereda se llamó Cerrada de los Sitios de San José. Hoy reconocemos al fundamental barrio por su nombre reducido a la vez que como una gran Babel cultural en tanto, de una u otra manera, ligados a su rica historia se advierten los nombres de Antonio Arcaño, flautista y director de una de las orquestas danzoneras más importantes de la música cubana, Richard Egües, flautista emblemático de la orquesta Aragón, Lázaro Herrera trompetista del antológico Septeto Nacional, Neno González director de la charanga que llevara su nombre, Nancy Morejón Premio Nacional de Literatura, Julio García Espinosa realizador de cine y fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la recordada cantante Moraima Secada, el afamado bailarín Rolando Espinosa y Patato Valdés, el “más melódico” de los tumbadores, entre otros.
¿Existen razones para que Los Sitios y Getsemaní se hermanen oficialmente?
Por mi parte, no lo dudo pero mientras eso sucede me despido entonado “Los Sitios entero”, sabroso tema de NG La Banda. ¿Qué cómo dice?
“Cuando subo por Maloja / y bajo por Campanario / Condesa me está esperando / la rumba no tiene horario // Nací en La Habana / soy habanero / Jesús María, Belén / y Los Sitios entero”.
 

   
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