¡Danielito qué bueno toca usted!
A sus dos años de edad, arma una especie de karaoke rumbero y mientras por los audífonos le llega la melodía de su agrado, allá van las manecitas, una y otra vez sobre el parche sonoro, para arrancarle al único amigo que tratamos a fuerza de golpes, historias percutidas en el corazón de los pueblos.
Marcos Daniel Mas Martínez vino a este mundo con el tambor en las venas. Fue al tambor primero y aprenderá a escribir después. El tambor no es su juguete preferido, es mejor, una parte importante de su infante vida. El primer elemento percutido por este bebé prodigio fueron los hombros de sus padres al cargarlo. Cuentan que no agarraba el biberón, alimentario y vital, lo percutía. Otro tanta hacía con el seno materno. Así, la conclusión estaba expedita. ¡Este niño va a ser conguero!
Por fortuna para el chavalillo, todo parece indicar que excederá con mucho las posibilidades paternas en la compleja ejecución, pues he tenido que esperar al non plus ultra de la descarga salsera, para ver al progenitor del tatagüinito, asestar verdaderos manotazos a cierta barra de un importante sitio de rumba cartagenero, getsemanisense para mayor precisión, a fin de saciar su frustrado apetito tamboril.
Por acá ya veremos al pela’o en la Escuela de Formación Artística de la Fundación Cultural Cartagena La Habana Son, matriculado en la especialidad de percusión y como si a él hubiera estado dedicado desde siempre el contagioso tema ¡Cuero, na’ ma!
Cuando eso sea así, le diremos a coro: ¡Danielito qué bueno toca usted!
Por: Juan Jorge Álvarez Sánchez |