"El Coronel no tiene quien le escriba" pero…
GARCÍA MÁRQUEZ SÍ TIENE ADONDE IR
La noche parecía una más de las rumberas convocatorias en Café Havana. Simplicio Sintono, a mi lado, extasiábase contemplando las fotos que decoran las paredes del neo republicano caserón y me endosaba las historias contenidas en aquellas figuras tutelares de la música cubana fundamentalmente. Que si Songo le dio a Borondongo, que si Borondongo le dio a Bernabé y que posteriormente Bernabé le pegó a Muchilanga, mientras le echaba burundanga, razón por la cual se le hincharon los pies, cuando de pronto noto al Simple abrir sus ojos desmesuradamente y las órbitas de sus focales parecían acetatos de 33 rpm. Instintivamente giré el cuello hacia mi izquierda y reconocí primero unos lentes y después unos emblemáticos mostachos. La figura erguida, desafiando los importantes años y a su lado, la compañía inseparable de una dama que ha sabido adornar el tiempo del ilustre visitante. Simplicio, quien gusta de descubrir el agua tibia me dijo en un nervioso susurro Es García Márquez y le contesté para completar el descubrimiento Con Mercedes su esposa. De ahí en adelante ustedes se podrán imaginar ¡Ahí está el Gabo! como lo reconoce su pueblo que tanto lo admira. Unos argentinos que a esa hora procuraban un mojito comentaban Che qué te parece, el mismísimo Gabo. Darcio, nuestro barman, se acomodó la pulcra guayabera no menos de diez veces y José Luis el afortunado mesero que atendió al Nobel colombiano fue de los primeros en alistar su cámara. A este escritor le correspondió darle la noticia a Mauricio, copropietario del Café a quien le brillaron los ojos mientras se alejaba raudo en busca del emocionante encuentro. Cuando llegó el maestro Alejandro Páez acompañado de su tropa también se lo comuniqué ¡Alejo, ahí está el Gabo! ¡Dónde mi hermano! ¡Allá en aquella mesa!
Comenzó la tanda musical y la consecuente dedicatoria al autor de Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera. Todo lo que sube cae y todo lo que comienza termina y en la puerta del Café El Gabo agradeció el cariño de los presentes y se despidió por esta vez esbozando un pase de salsa avallenateada ¡y que me disculpen los puristas del idioma por el barbarismo!
Gracias Gabriel García Márquez, gloria de las letras universales, por distinguir a Café Havana con su visita. Siempre lo estaremos recordando pero cuando vuelva será entonces una Crónica de una visita esperada.
En la foto Mauricio Aimone, copropietario de Café Havana junto al Nobel colombiano
Por Delson
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